Tal como hizo el buen samaritano. ¿Qué va a ser del hombre herido si no me detengo?
Jean Vanier, No temas amar, P79
Bonhoeffer, en su libro Vida en Comunidad, habla de distintos ministerios necesarios para la comunidad: el de retener la lengua, el de la humildad, el de la dulzura, el de saber callarse cuando se nos critique, el de la escucha, el de estar siempre dispuesto a hacer un servicio en las pequeñas cosas de la vida, el de soportar a los hermanos, el de perdonar, el de proclamar la palabra, el de decir la verdad y, por último, el ministerio de la autoridad.Jean Vanier, La Comunidad, P 64
El gran peligro de una comunidad son "las preocupaciones del mundo y las seducciones de las riquezas". Necesita continuamente una palabra ardiente e "inspiradora" que le recuerde, haga renacer la esperanza y reavive el deseo de caminar a contracorriente de la sociedad. Los responsables de las comunidades deben anunciar continuamente la visión y recordar a sus miembros la llamada de Dios. Desde la mañana a la noche, hay que recordarlo con palabras de entusiasmo y amor. Porque si no, enseguida lo olvidaremos y adaptaremos la forma de hacer del mundo: buscaremos seguridades, nos alejaremos de las Bienaventuranzas y rechazaremos perdonar a los enemigos. En muchos monasterios, el abad o abadesa comenta cada mañana un pasaje de la Regla, y muestra su aplicación en la vida cotidiana. Un monje me decía recientemente que ese comentario era esencial: "¿Cómo podríamos -me decía- permanecer unidos y amarnos sin eso?". Jean Vanier, La Comunidad, p 191.
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La Palabra de Dios, las palabras del evangelio, las palabras de Jesús son pan de vida que es necesario comer, comer y comer. Nos conducen a lo esencial.
Jean Vanier, La Comunidad, P 190
El fin de la educación es la liberación: liberación de los instintos que te hacen esclavo y te impiden vivir en libertad y la realidad; liberación o crecimiento de los dones y de las cualidades de la persona para que ella pueda ejercitarlos plenamente.
Todos somos como plantas; necesitamos tener suficiente espacio en la tierra para echar raíces. Y esas plantas necesitan agua, aire y sol. El niño necesita ser amado, pero también ser confirmado y apoyado. Necesita un medio de vida que le anime a crecer y a realizar los esfuerzos necesarios.
Jean Vanier, Hombre y Mujer los creó, p 47
Cuando en 1981 fui a vivir a la Forestiere, un hogar con diez personas con una deficiencia muy profunda, me extrañó la primera vez que vi a evelyn tirarse de su silla de ruedas. Evelyn está profundamente disminuida, no habla, no controla mucho su cuerpo. Sólo le funciona bien una de sus manos. Iba a ayudarle a colocarse en su silla pero Marcelle, una asistente, me detuvo. Se enfadó con Evelyn diciéndole que lo que había hecho era intolerable; le exigió que se volviera a su silla. Hubo una confrontación. Evelyn esperaba a ver qué pasaba. Después, sintiendo la insistencia de Marcella, avanzó hacia su silla e intentó subirse a ella. Hizo un esfuerzo enorme. Fue únicamente entonces cuando Marcelle intervino para ayudarle a sentarse. Para muchas personas con una deficiencia es mucho más fácil dejar a los demás que hagan todo en su lugar que esforzarse por ellas mismas.
Finalmente, es la propia persona, en su secreta libertad, la que debe decir "sí" al crecimiento y al esfuerzo que ello supone.
Jean Vanier, Hombre y Mujer los creó, p 47
Toda educación implica una lucha. El crecimiento de un niño o de un adolescente es exigente y requiere un esfuerzo. Para una madre es más sencillo lavar a su hijo que enseñarle a lavarse él mismo; la educación requiere mucho tiempo y paciencia, sobre todo cuando el niño no tiene confianza en sí mismo y tiene una deficiencia profunda. No es fácil estar constantemente estimulando a una persona con deficiencia para que se esfuerce. No es fácil encontrar armonía entre la escucha profunda del otro y las exigencias de la realidad; entre el dejar hacer, el mierdo a intervenir e imponerse.
Jean Vanier, Hombre y Mujer los creó, p 46
Sólo Dios sana desde adentro
Yo creo que únicamente Dios puede sanar desde adentro un corazón humano, haciéndole descrubrir que es amado y, por tanto, que se le puede amar, que tiene un valor y que Él, Dios, le ama tal cual es, con sus mecanismos de defensa y con su pobreza, así como con sus dones. No hace falta que sea perfecto, pues es su hijo amado. Al amarle de esta forma, Dios le da la vida y la fuerza para crecer hacia un amor mayor y hacia una nueva unidad de su ser.
Jean, Vanier, Hombre y Mujer los creó, p 165
A medida que crezco en edad, quizás también en sabiduría, y que sigo escuchando a las personas rotas y enfermas y a las que crecen hacia la libertad, más me confirmo en mi fé en Jesús. Veo con claridad cada vez mayor que el gran sufrimiento humano es el aislamiento, el repliegue sobre uno mismo, la falta de amor (...).
¿Quién puede ayudar al ser humano a admitir su fragiliad, esa fragilidad oculta tras las barreras de sus miedos?
Ni la ciencia ni la tecnología pueden salvar a la humanidad. No tienen los medios para liberar los corazones y abrirlos al amor y al compartir. El psicoanálisis puede liberar de algunos bloqueos, pero no puede cambiar un corazón de piedra en un corazón que ame; no puede dar la vida, la esperanza y el gusto por el compartir. La guerra y la violencia no pueden conducir a la paz. Y la salvación no puede venir de la política o de un cambio de estructuras porque todo esto sigue siendo externo; es nuestro corazón humano y egoísta el que debe ser trasnformado desde el interior. Yo creo que solo Dios puede sanar desde adentro un corazón humano.
Jean Vanier, Hombre y mujer los creó, P 163
El drama de muchos jóvenes es su fragilidad afectiva. Sus corazones tienen una gran capacidad para amar. Son intuitivos, ven claramente los peligros y las hipocresías de nuestro mundo y de tantos movimientos políticos y organizaciones sociales. Quieren hacer de sus vidas algo que merezca la pena. Quieren comprometerse, pero ¿dónde? Se sienten vulnerables y frágiles ante las fuerzas que dirigen la sociedad y el mundo. Necesitan testigos que les estimulen y les ayuden a fortalecerse y comprometerse de forma permanente.
Jean Vanier, Hombre y mujer los creo, P 154
Yo diría que la necesidad más fundamental de nuestra sociedad no consiste en tener cada vez más profesores en las universidades, sino en tener hombres y mujeres que creen juntos comunidades de acogida para las personas desorientadas, solas y perdidas -y son legión-. Hoy es más necesario que nunca reencontrar el sentido de la casa como lugar de ternura y de acogida, en el que cada uno puede rehacerse y redescubrir los valores más íntimos de su ser: su corazón con su capacidad para recibir y dar.
Jean Vanier -Hombre y mujer los creo p 83
En nuestra época, desde que se habla de los valores de la casa, los hombres se sienten molestos y las mujeres montan en cólera como si se quisiera relegarlas a la cocina y a las cosas de la casa para que no tengan contacto con el exterior. Por lo tanto, hay que hablar de la casa, pues en esta época nuestra en que la familia se fragmenta hay muchos niños que viven un sentimiento de abandono, muchas personas que viven en el aislamiento y por este hecho, en la angustia. Están obligadas a endurecerse para defenderse y sobrevivir, y su corazón, lo más intimo de la persona, se siente ahogado, incluso, destrozado.
Jean Vanier -Hombre y mujer los creo p 83