Ser diferente de los padres

Cuando se llama al hijo a algo que sea diferente de los padres, a menudo éstos lo sienten como una amenaza; por ejemplo, si el hijo quiere vivir pobremente y ellos no. En seguida nos sentimos amenazados y asustados; entonces levantamos barreras para proteger nuestra forma de actuar y nuestra sensación de que somos hombres capacitados y poderosos. Cuanto más faltos estamos de libertad interior, más necesidad tenemos de amontonar riquezas y de sentirnos virtuosos y capaces de seguir el orden establecido. Pero no es eso lo importante. Lo importante es crecer en la libertad interior, en la libertad para encontrarse con la gente; para acogerla; para distinguir en qué podemos responderle; para aprender a mirarla sin miedo; para aprender a detenernos junto a la persona herida.
Tal como hizo el buen samaritano. ¿Qué va a ser del hombre herido si no me detengo?

 

Jean Vanier, No temas amar, P79

Reunirse para compartir

Para que una comunidad se forje realmente es necesario que sus miembros puedan juntarse como personas, como hermanos y hermanas, y no sólo para trabajar. Cuando es muy pequeña es fácil para todos los miembros reunirse para compartir. Las reuniones surgen espontáneamente en cualquier momento del día; pero cuando las comunidades crecen, el trabajo aumenta, los visitantes se hacen cada vez más numerosos y existe el riesgo de que los miembros no se reúnan más que para organizar y programar. Es indispensable, entonces, que haya una hora fija, un día o una noche a la semana en que no haya visitantes, en que se tenga tiempo para estar "entre nosotros".
 
Jean Vanier , La Comunidad, P 307

Quienes están solos

Me llama la atención el número de personas que viven solas y que
abrumadas por la soledad, se hunden en la depresión o en el
alcoholismo, porque es evidente que la soledad puede trastornar. Cada
vez hay más personas desequilibradas porque su vida familiar ha sido
triste, como los drogadictos, delincientes y todas las personas que
buscan una familia y un sentido a la vida. En los años venideros
tendrán que nacer pequeñas comunidades de acogida, en donde estas
personas solas puedan encontrar una familia y lleguen a sentir que
pertenecen a algo o alguien. Antiguamente, los cristianos que querían
seguir a Jesús abrían hospitales y escuelas; hoy, que hay cada vez más
enfermeras y maestros, será necesario que los cristianos se
comprometan con estas nuevas comunidades de acogida para vivir con
quien no tiene familia y necesita que alguien le demuestre que le
quiere, que puede crecer en libertad y que, a su vez, puede amar y
dar la vida por los demás.

Jean Vanier, La Comunidad, P 305










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Arcas de América Latina · Brown 293 · San Isidro, Buenos Aires 1642

No estamos solos

El descubrimiento dentro de la fe de que Jesús ama a todos los hombres
y especialmente a los marginados ayuda a la persona a descubrir su
propia dignidad de hijo de Dios. La manera de la comunidad de acoger
la muerte de un hermano, ayuda a algunos a superar su miedo a la
muerte. Por lo mismo, la Eucaristía y la oración en común ayudan a
descubrir que todos somos disminuidos de corazón, prisioneros de
nuestros egoísmos. Pero Jesús ha venido para curarnos interiormente,
salvarnos y liberarnos por el don de su Espíritu. Es la Buena Nueva
que él trae a los pobres: no estamos solos en nuestra tristeza, en las
tinieblas de nuestra soledad, en nuestros temores, en nuestra
afectividad y en nuestra sexualidad trastornada. Él nos ama y está con
nosotros. "No temas, yo estoy contigo".

Jean Vanier , La Comunidad, P 302

La terapia del Arca


En el Arca estamos descubriendo nuestra propia terapia, muy diferente a la terapia de los hospitales, y diferente tambien a la terapia fundada únicamente en medicamentos o en psicoanálisis. Es una terapia basada en una relación auténtica vivida en una comunidad, en un trabajo y en una verdadera vida espiritual. Todo esto aporta a la persona un dinamismo, una aceptación de sí misma y una nueva motivación. La persona desamparada descrubre poco a poco que forma parte de una familia, de una comunidad. Esto le da seguridad  y paz. Pero para poder encontrar esta armonía interior necesaria para la vida en comunidad, ciertas personas necesitarían una ayuda profesional.
 
Jean Vanier , La Comunidad, P 301

"El amor no basta"

Bruno Bettelheim ha escrito un libro titulado: El amor no basta. Lo que dice es justo aunque acentúa tal vez demasiado el aspecto analítico. Se puede deducir que para ayudar a una persona marginada, angustiada, en peligro, y en las tinieblas de la confusión es necesario tener cierta competencia. Hay que saber acoger las crisis, las violencias, las depresiones, saber lo que se está queriendo decir a través de las regresiones y de las fugas, saber descifrar los mensajes enviados a través de actos extraños y robos, y responder con sinceridad a sus gritos y necesidades. Es necesario conocer ciertas leyes sobre los trastornos y el crecimiento humano a través de la relación y del trabajo, y la manera de conducir hacia una curación interior. Hay que saber sobre todo entablar una verdadera relación con la persona.
 
Jean Vanier , La Comunidad, P 301

La sed del marginado


El peligro de muchos marginados está en que n0 han vivido una relación vital con su madre, lo que ha dejado en ellos una especia de herida. Están sedientos de una relación de ternura que les acoja plenamente en todo momento. En lo más profundo de su ser está ese grito constante pidiendo amor. Al no haber recibido este amor durante su infancia, no han vivido tampoco las primeras frustaciones del niño, como cuando la madre se vuelca hacia otro niño que acaba de nacer. No han vivido las envidias que se integran más tarde y por eso tienen una sed insaciable; quiere poseer totalmente a la persona de referencia y rehusa que se vuelque hacia otro.
Quien ayuda a un marginado no debe estar nunca completamente solo. La referencia debe estar bien integrada en una comunidad.

 
Jean Vanier , La Comunidad, P 300

Esperar mucho del otro


Qué difícil es acoger a la gente tal y como es, con todo lo bueno y herido que hay en ella. Los padres esperan mucho de sus hijos; los esposos esperan mucho el uno del otro. En El Arca, un responsable de hogar espera mucho de un asistente nuevo. Si nos creamos una imagen del otro y no se corresponde con la realidad, nos decepcionamos y tendemos a rechazarlo. ¿No es lo mismo cuando una madre da a luz a un hijo con una deficiencia? No se ajusta a sus sueños. Muy a menudo, puede no aceptarlo. La imagen que tenemos del otro , o la imagen de lo que quisiéramos que fuera, impide la comunión. Ésta hecha raíces en la realidad, no en los sueños. No podemos estar en comunión con alguien si no lo aceptamos como es.
 
Jean Vanier , Cada persona es una historia sagrada, P 91

Los hijos

En las sociedades más ricas existe un cierto temor a dar vida. Los
padres se paran a menudo en las dificultades económicas; los dos
trabajan y la madre se cansa; muchas veces no encuentran una vivienda
adecuada. Se ve al hijo como una riqueza, pero también como una
incomodidad y un peso económico. Yo me pregunto, de todas formas, si
no hay algo más tras la caída del índice de natalidad en nuestras
sociedades más acomodadas. En las comunidades de El Arca que hay por
todo el mundo, hay muchas parejas comprometidas. Reciben sueldos mucho
más bajos y tienen a menudo tres, cuatro o cinco hijos. ¿No será
porque han encontrado en la vida comunitaria de El Arca una esperanza?
No tienen miedo a traer niños al mundo.

Jean Vanier, Cada persona es una historia sagrada, P 115

Dar vida a otro

En el libro de Saint-Exupéry, el Principito dice que se es responsable de quien se ha domesticado. Uno se vuelve responsable del corazón que se ha despertado, pero todavía más de ese pequeño corazón que se ha procreado. Comunicar la vida es una de las necesidades más profundas de todo ser viviente. Desde el origen del mundo, la vida engendra vida. Ocultas en cada flor, en cada fruto, en cada legumbre, en cada árbol descansan las semillas que darán lugar a miles y miles de nuevas flores, frutos, legumbres o árboles. Aristóteles decía que los seres vivos participan de la eternidad, no individualmente, sino a través de la permanencia de la especie y de su capacidad de dar vida a otro ser semejante. 

 
Jean Vanier , Cada persona es una historia sagrada, P 114

Las pruebas

A menudo cuando una comunidad está a punto de desmembrarse es cuando las personas empiezan a aceptar el diálogo y a mirarse a los ojos, pues se percatan de que es cuestión de vida o muerte hacer algo definitivo y radicalmente diferente. Frecuentemente es necesario llegar hasta el fondo del abismo para alcanzar el instante de verdad, reconocer la propia pobreza, la propia necesidad de unos y de otros y pedir socorro a Dios.
Las pruebas que quebrantan una seguridad superficial liberan muchas veces nuevas energías que hasta entonces estaban ocultas. A partir de estas heridas renace la esperanza.

 
Jean Vanier , La Comunidad, P 132

La primera impresión

Frecuentemente en nuestro primer encuentro con quienes son diferentes nos asustamos -porque son diferentes. Una persona con discapacidades no habla, o su cara de algún modo perdió su atractivo, o nos vemos enfrentados por sus incapacidades -a caminar, a hablar. La primera sensación en un encuentro es una sensación de incomodidad y hasta a veces condenatoria. ¿Por qué tomamos a la gente así? Pero después, si es que puede haber un encuentro, y si en algún lugar pueden contar su historia, mientras escuchamos descubrimos que no son diferentes a nosotros. Yo tengo capacidades, sí. Pero yo tengo un corazón que es vulnerable y ellos tienen un corazón que es vulnerable.
                                  
 - Jean Vanier, Conversación inédita con estudiantes, Junio 2007

Nada por mí mismo


Por mí mismo no puedo hacer nada. Nos necesitamos los unos a los otros, porque cada uno de nosotros tiene diferentes dones. Vos tenés dones que yo no tengo, yo tengo dones que vos no tenés. Entonces juntos podemos hacer algo hermoso.
 
                                                                       - Jean Vanier, Conversación inédita con estudiantes, Junio 2007

Vivir en la confianza


Para desarrollarse, la confianza requiere comunicación y diálogo. El niño habla y expresa sus deseos no sólo a través de palabras, también a través de llantos, con su cuerpo, con un completo idioma no verbal. Si los deseos del niño no son atendidos o son malentendidos, va a llegar un momento en el que va a dejar de expresarlos. Se cerrará sobre sí mismo; morirá dentro de sí mismo. Para vivir en confianza, un niño necesita sentirse comprendido. Necesita que sus padres, o alguien que ocupe su lugar, hablen y compartan cosas con él.

-Jean Vanier, Cada Persona es una historia sagrada, p.85

Lo lindo de cada uno

 Hay muchas cosas malas sucediendo pero en cualquier lado que veas gente haciendo algo bello, estás viendo gente bella. Lo más importante en nuestra sociedad es ayudar a cada persona a descubrir qué es lo lindo de ella, para que juntos podamos crear una sociedad donde nos amemos unos a otros.

Jean Vanier, Conversación inédita con estudiantes, Junio 2007

Nuestra identidad de amor


La gente que agrede debe descubrir que hay algo que se llama ley. Pero eso necesariamente no los va a hacer cambiar. ¿Cómo ayudar a la gente a descubrir que su identidad no es una identidad de poder, sino que su verdadera identidad es una identidad de amor?

Jean  Vanier, Conversación inédita con estudiantes, Junio 2007

Expresarse


Expresarse no es sólo decir lo que va mal, las frustraciones y los enfados -aunque a veces es bueno decirlo-, sino hablar de las motivaciones profundas y de lo que se está viviendo. A menudo es una manera de ejercer el don para sostener a los otros y ayudarles.

Jean
Vanier, La Comunidad,  P 65

Los dones de cada uno


Hay quien tiene el don de sentir inmediatamente y vivir el sufrimiento del otro; es el don de la compasión. Otros tienen el don de notar cuando algo va mal y pueden poner enseguida el dedo en la llaga: es el don de discernimiento. Otros tienen el don de la luz y ven claro en todo lo que atañe a las opciones fundamentales de la comunidad. Otros tienen el don de animar y crear una atmósfera propicia a la alegría, el descanso y al crecimiento profundo de cada uno. Otros tienen el don de discernir el bien de las personas y de sostenerlas. Otros tienen el de la acogida. Cada uno tiene su don y debe poder ejercerlo para bien y crecimiento de todos.

Jean Vanier, La Comunidad,  P 65

Construir comunidad

 
Bonhoeffer, en su libro Vida en Comunidad, habla de distintos ministerios necesarios para la comunidad: el de retener la lengua, el de la humildad, el de la dulzura, el de saber callarse cuando se nos critique, el de la escucha, el de estar siempre dispuesto a hacer un servicio en las pequeñas cosas de la vida, el de soportar a los hermanos, el de perdonar, el de proclamar la palabra, el de decir la verdad y, por último, el ministerio de la autoridad.
Jean Vanier, La Comunidad,  P 64

Un llamado a las familias

Nuestra época prepara una gran esperanza. Encuentro cada vez más parejas y familias que descubren que su vida actual de trabajo es inhumana. Algunas ganan mucho dinero, pero lo pagan con su vida familiar. Vuelven tarde por la noche, sus fines de semana están a menudo ocupados por asuntos de negocios, toda su vida está captada por el mundo del trabajo; les cuesta encontrar la tranquilidad interior necesaria para vivir apaciblemente en familia. Día a día vuelven más hiperactivos y están a punto de descuidar lo que hay de más profundo en ellos...
 
Jean Vanier, La Comunidad,  P 73

Una nueva conciencia de mí mismo

Jesús vino a tomarnos a cada uno de nosotros en este paso del mundo al Padre. Vino a cambiar las raices más profundas de mi ser, y a darme una nueva conciencia que me hace ser feliz y estar tranquilo con mi pobreza, e incluso con el vacío que hay dentro de mí; y, como ya no tengo nada que defender, pierdo mi agresividad. No necesito luchar, porque se que soy amado. (...) Entonces puedo vivir sin tensiones. En griego, la palabra "perdón" connota esta "falta de tensiones".
 
Jean Vanier, No temas amar, P 21

"Todo me da lo mismo"

Hay en cada uno de nosotros, lo sabemos bien, un ser ávido de celebridad y de poder, o un fondo de depresión, de tristeza, de "todo me importa un bledo", "todo me da lo mismo". Y esto es así, ya sea que nos seduzca la riqueza o el deseo de que nos conozcan y nos quieran, o que seamos seres depresivos, tristes, que van en busca de compensaciones. Y toda nuestra vida tiene que ser una transformación progresiva de nuestra conciencia, para ir entrando poco a poco en la conciencia del Padre. La conciencia del mundo me lleva a relacionarlo todo conmigo: me hace ver a los demás únicamente en función de mí; y hace que les utilice; me hace levantar a mi alrededor barreras de temor y de miedo. Jesús vino a hacernos pasar de la conciencia en donde busco mi propio yo, -"mis" riquezas, "mi" gloria, "mi" poder, donde intento demostrar algo y donde soy incapaz de mirara los ojos de mi hermano herido, porque todo lo reduzco a mi yo egocéntrico-, a una conciencia nueva, que es la certeza de que soy llevado en las manos de mi Padre.
Entonces ya no necesito probar nada; ya no necesito tener miedo a la soledad, a la muerte o a mis propias debilidades.
 
Jean Vanier, No temas amar, P 20

Los hiperactivos


A veces tengo la impresión de que los hiperactivos están huyendo de su necesidad de comunión y amor, de su vulnerabilidad y, quizás, de su angustia y agitación. Tienen miedo de su afectividad y de su sexualidad; necesitarían reflexionar un poco sobre sus profundas necesidades y volver a encontrar dentro de sí ese niño que llora de soledad. Hay un reposo del cuerpo, pero sobre todo hay un reposo del corazón, relaciones que dan seguridad, que no son peligrosas.

Jean Vanier, La Comunidad,  P 193

Una abuela

Siempre está bien tener en una comunidad una "abuela" que recuerde a las personas que tiene un  cuerpo y una afectividad, que a menudo se hacen montañas de pequeños problemas y que les convendría descansar un poco.
 
Jean Vanier

Saber decir “no”

Muchas personas están "quemadas" o "agotadas" porque lo desean. Niegan en alguna parte de su ser esa necesidad de descanso y de encontrar un ritmo de vida armonioso. En su hiperactividad huyen de algo, a veces por sentimientos profundos e inconscientes de culpabilidad o tal vez porque no quieren echar raíces en la comunidad y quedarse largo tiempo. Están a veces, demasiado vinculadas a su función, quieren controlarlo todo. Ésos aun no han aprendido a vivir, no son libres interiormente, no hay descubierto la sabiduría del instante presente que consiste, a menudo, en saber decir "no".
 
Jean Vanier, La Comunidad, P 192

Las preocupaciones del mundo

El gran peligro de una comunidad son "las preocupaciones del mundo y las seducciones de las riquezas". Necesita continuamente una palabra ardiente e "inspiradora" que le recuerde, haga renacer la esperanza y reavive el deseo de caminar a contracorriente de la sociedad.
Los responsables de las comunidades deben anunciar continuamente la visión y recordar a sus miembros la llamada de Dios. Desde la mañana a la noche, hay  que recordarlo con palabras de entusiasmo y amor. Porque si no, enseguida lo olvidaremos y adaptaremos la forma de hacer del mundo: buscaremos seguridades, nos alejaremos de las Bienaventuranzas y rechazaremos perdonar a los enemigos.
En muchos monasterios, el abad o abadesa comenta cada mañana un pasaje de la Regla, y muestra su aplicación en la vida cotidiana. Un monje me decía recientemente que ese comentario era esencial: "¿Cómo podríamos -me decía- permanecer unidos y amarnos sin eso?".


 

Jean Vanier, La Comunidad, p 191.

 

Palabras de vida

La Palabra de Dios, las palabras del evangelio, las palabras de Jesús son pan de vida que es necesario comer, comer y comer. Nos conducen a lo esencial.

Jean Vanier,  La Comunidad, P 190

Educar para liberar

 

El fin de la educación es la liberación: liberación de los instintos que te hacen esclavo y te impiden vivir en libertad y la realidad; liberación o crecimiento de los dones y de las cualidades de la persona para que ella pueda ejercitarlos plenamente. 
Todos somos como plantas; necesitamos tener suficiente espacio en la tierra para echar raíces. Y esas plantas necesitan agua, aire y sol. El niño necesita ser amado, pero también ser confirmado y apoyado. Necesita un medio de vida que le anime a crecer y a realizar los esfuerzos necesarios.

 Jean Vanier, Hombre y Mujer los creó, p 47

Evelyn y la silla de ruedas

Cuando en  1981 fui a vivir a la Forestiere, un hogar con diez personas con una deficiencia muy profunda, me extrañó la primera vez que vi a evelyn tirarse de su silla de ruedas. Evelyn está profundamente disminuida, no habla, no controla mucho su cuerpo. Sólo le funciona bien una de sus manos. Iba a ayudarle a colocarse en su silla pero Marcelle, una asistente, me detuvo. Se enfadó con Evelyn diciéndole que lo que había hecho era intolerable; le exigió que se volviera a su silla. Hubo una confrontación. Evelyn esperaba a ver qué pasaba. Después, sintiendo la insistencia de Marcella, avanzó hacia su silla e intentó subirse a ella. Hizo un esfuerzo enorme. Fue únicamente entonces cuando Marcelle intervino para ayudarle a sentarse. Para muchas personas con una deficiencia es mucho más fácil dejar a los demás que hagan todo en su lugar que esforzarse por ellas mismas.
Finalmente, es la propia persona, en su secreta libertad, la que debe decir "sí" al crecimiento y al esfuerzo que ello supone.

 

Jean Vanier, Hombre y Mujer los creó, p 47

Educar implica una lucha

Toda educación implica una lucha. El crecimiento de un niño o de un adolescente es exigente y requiere un esfuerzo. Para una madre es más sencillo lavar a su hijo que enseñarle a lavarse él mismo; la educación requiere mucho tiempo y paciencia, sobre todo cuando el niño no tiene confianza en sí mismo y tiene una deficiencia profunda. No es fácil estar constantemente estimulando a una persona con deficiencia para que se esfuerce. No es fácil encontrar armonía entre la escucha profunda del otro y las exigencias de la realidad; entre el dejar hacer, el mierdo a intervenir e imponerse.

 Jean Vanier, Hombre y Mujer los creó, p 46

Solo Dios sana desde adentro

Sólo Dios sana desde adentro


Yo creo que únicamente Dios puede sanar desde adentro un corazón humano, haciéndole descrubrir que es amado y, por tanto, que se le puede amar, que tiene un valor y que Él, Dios, le ama tal cual es, con sus mecanismos de defensa y con su pobreza, así como con sus dones. No hace falta que sea perfecto, pues es su hijo amado. Al amarle de esta forma, Dios le da la vida y la fuerza para crecer hacia un amor mayor y hacia una nueva unidad de su ser. 

 Jean, Vanier, Hombre y Mujer los creó, p 165

El secreto de amor

A medida que crezco en edad, quizás también en sabiduría, y que sigo escuchando a las personas rotas y enfermas y a las que crecen hacia la libertad, más me confirmo en mi fé en Jesús. Veo con claridad cada vez mayor que el gran sufrimiento humano es el aislamiento, el repliegue sobre uno mismo, la falta de amor (...).
¿Quién puede ayudar al ser humano a admitir su fragiliad, esa fragilidad oculta tras las barreras de sus miedos?
Ni la ciencia ni la tecnología pueden salvar a la humanidad. No tienen los medios para liberar los corazones y abrirlos al amor y al compartir. El psicoanálisis puede liberar de algunos bloqueos, pero no puede cambiar un corazón de piedra en un corazón que ame; no puede dar la vida, la esperanza y el gusto por el compartir. La guerra y la violencia no pueden conducir a la paz. Y la salvación no puede venir de la política o de un cambio de estructuras porque todo esto sigue siendo externo; es nuestro corazón humano y egoísta el que debe ser trasnformado desde el interior. Yo creo que solo Dios puede sanar desde adentro un corazón humano.

 

Jean Vanier, Hombre y mujer los creó, P 163

La fragilidad afectiva

El drama de muchos jóvenes es su fragilidad afectiva. Sus corazones tienen una gran capacidad para amar. Son intuitivos, ven claramente los peligros y las hipocresías de nuestro mundo y de tantos movimientos políticos y organizaciones sociales. Quieren hacer de sus vidas algo que merezca la pena. Quieren comprometerse, pero ¿dónde? Se sienten vulnerables y frágiles ante las fuerzas que dirigen la sociedad y el mundo. Necesitan testigos que les estimulen y les ayuden a fortalecerse y comprometerse de forma permanente. 

                                                                                           
Jean Vanier,  Hombre y mujer los creo, P 154

Hablemos del hogar II

Yo diría que la necesidad más fundamental de nuestra sociedad no consiste en tener cada vez más profesores en las universidades, sino en tener hombres y mujeres que creen juntos comunidades de acogida para las personas desorientadas, solas y perdidas -y son legión-. Hoy es más necesario que nunca reencontrar el sentido de la casa como lugar de ternura y de acogida, en el que cada uno puede rehacerse y redescubrir los valores más íntimos de su ser: su corazón con su capacidad para recibir y dar. 

 

Jean Vanier  -Hombre y mujer los creo p 83

Hablemos del hogar

En nuestra época, desde que se habla de los valores de la casa, los hombres se sienten molestos y las mujeres montan en cólera como si se quisiera relegarlas a la cocina y a las cosas de la casa para que no tengan contacto con el exterior. Por lo tanto, hay que hablar de la casa, pues en esta época nuestra en que la familia se fragmenta hay muchos niños que viven un sentimiento de abandono, muchas personas que viven en el aislamiento y por este hecho, en la angustia. Están obligadas a endurecerse para defenderse y sobrevivir, y su corazón, lo más intimo de la persona, se siente ahogado, incluso, destrozado.

Jean Vanier  -Hombre y mujer los creo p 83