Definitivamente, los festejos cumplen un rol para ayudar a las personas a aceptar los sufrimientos del día a día ofreciéndoles la posibilidad de relajarse y dejarse llevar. Mirarlos sólo como una forma de escapismo es no entender la naturaleza humana. Nuestro corazón humano necesita ir más allá de las limitaciones y frustraciones diarias del trabajo. Tenemos sed de una felicidad que parece inalcanzable en la tierra. Anhelamos lo infinito, lo universal, lo eterno -algo que nos de un sentido a la vida y sus fastidiosas rutinas diarias-. Una fiesta es un signo del reino de los cielos. Simboliza nuestras más profundas aspiraciones, una experiencia de comunión total.
Jean Vanier, La Comunidad p. 314
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