La ternura en el tacto

Como consecuencia de la ceguera y la sordera de Éric, nuestra relación sólo podía realizarse a través del tacto, un tacto lleno de ternura y delicadeza, un tacto que le afirmara, que le revelara que era amado y apoyado, que estaba seguro. Había que pasar mucho tiempo con el cuerpo de Éric; había que bañarlo, ayudarle a comer, tomarlo por las rodillas, pasearlo y jugar con él. Y quizás, poco a poco, iría tomando confianza, descubriría que era digno de ser amado y capaz de hacer progresos, que tenía un valor. Desde hace cinco años que está en El Arca. Éric se ha vuelto más tranquilo. Igual, sigue perturbado; en su interior hay todavía muchas puertas cerradas.
                                                                Jean Vanier, Hombre y mujer los creó, p 32.


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